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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Expansión del cristianismo
 

Las Enseñanzas originales de Jesús el Cristo/Expansión del cristianismo


Expansión del cristianismo

Como ya lo hemos discutido, para pesar de Jesús, Él no pudo encontrar a las personas que pudiesen rápidamente llegar a ser similares a Él. Los apóstoles, probablemente, eran las mejores personas en Judea, pero sus edades psicogenéticas no eran suficientemente elevadas como para permitirles comprender total e inmediatamente el conocimiento Divino.

Uno de los ejemplos es un reproche que Leví hizo a Pedro un tiempo después de que Jesús hubiera dejado la vida terrenal: «¡Pedro, siempre fuiste impulsivo!» (El Evangelio de María Magdalena, 18).

También es conocido que Pedro tenía prejuicios contra María Magdalena porque ella —una mujer— era uno de los discípulos favoritos de Jesús y preferida por Él sobre todos (El Evangelio de Tomás, 114).

En otras palabras, Pedro, en el transcurso de su aprendizaje con Jesús, no había aprendido a regular sus emociones y a vivir en amor cordial, ni tampoco se había liberado de la arrogancia.

Después de la crucifixión de Jesús, Sus discípulos, estremecidos por Su muerte y los milagros que la siguieron, continuaron Su obra tanto como pudieron. Todos ellos predicaban, y muchos habían empezado a trabajar con sus propios discípulos. Para esto la mayoría se quedó entre los judíos. No obstante, el apóstol Tomás viajó a través de Siria hacia el Este y donde pudo —desde la India hasta la China— estableció comunidades cristianas. La iglesia siria y la iglesia india de Malabar, fundadas por él, existen hasta ahora (ver más detalles en [24]).

El ex perseguidor y asesino de los cristianos Pablo también se unió a los apóstoles después de ser convertido a la nueva fe por Jesús no encarnado (Hechos 9).

Algunos de los discípulos de Jesús redactaron sus propias escrituras, las cuales han sobrevivido hasta hoy. Entre estos discípulos están Mateo, Juan, Tomás, Pedro, Santiago, Felipe, Judas (no el Iscariote), María Magdalena, Nicodemo, Pablo y los discípulos evangelistas indirectos de Jesús Marcos y Lucas.

Según los Evangelios, Juan y María Magdalena eran los discípulos más amados por Jesús. El Evangelio escrito por Juan es uno de los mejores por su calidad y volumen. Juan también es el autor de las tres Epístolas a los discípulos, de las cuales la primera contiene muchos preceptos y consejos valiosos.

Sin embargo, Juan también escribió dos textos que difieren mucho de las escrituras mencionadas anteriormente. El primero se llama El Apócrifo de Juan y el segundo es La Revelación de San Juan (El Apocalipsis), incluido al final del Nuevo Testamento.

El Apócrifo fue escrito por Juan poco después de la crucifixión de Jesús, es decir, antes de que escribiera las Epístolas. Uno puede entender del Apócrifo que, aunque Juan estaba escribiendo cuidadosamente todos los mandamientos del Maestro, aunque había abarcado el aspecto más importante de Sus Enseñanzas, el amor cordial, no había logrado comprender con su mente, en el transcurso de su comunicación con el Mesías encarnado, la esencia de Su advenimiento a la Tierra ni tampoco la esencia del Padre, Quien Lo envió. Juan pregunta a Dios cosas como: «(…) ¿Por qué el Salvador fue escogido? ¿Por qué fue enviado al mundo por Su Padre? ¿Quién es Su Padre, Que Lo envió? (…)» (El Apócrifo de Juan, 1:6-7).

Entonces él recibe las respuestas sobre la naturaleza del Padre, del Espíritu Santo y del Cristo, así como sobre la creación del mundo.

Pero más tarde la intelectualidad de Juan fue puesta a prueba, lo que es común durante los contactos proféticos. Después de aproximadamente un tercio del texto, la narración cambia su carácter y aparecen frases sin sentido y sin ningún valor. La idea de Dios en tales casos es la siguiente: ¿entenderá el oyente esta broma-prueba? Juan no la entendió, no pasó la prueba de su intelectualidad. Él tomó todo en serio, anotó todo escrupulosamente y lo compartió con sus compañeros apóstoles.

Lo mismo ocurrió cuando Juan escribía su Apocalipsis, que se parece a una pesadilla (por decir lo menos). Su temática no es la prédica del Camino hacia la Perfección a través de la fe, el amor y el trabajo dedicado a la transformación de uno mismo, sino las amenazas y las profecías sobre desastres y catástrofes. El texto está desprovisto no sólo del Amor Divino, sino también de cualquier valor positivo para los lectores y sólo los distrae de las cosas más importantes incitando a infructuosas reflexiones sobre el futuro, mientras que Dios nos enseña a vivir y a trabajar aquí y ahora.

El Apocalipsis de Juan, incluido en el Nuevo Testamento, se convirtió en una prueba de intelectualidad y espiritualidad, una prueba-tentación, para millones de personas que estudian el cristianismo. Y muchos se tentaron, porque el Apocalipsis, puesto al final del Nuevo Testamento, tacha y desecha, por decirlo así, las Enseñanzas de Jesús sobre la aspiración a Dios y el autoperfeccionamiento a través del amor. Así, algunos escogen en el Nuevo Testamento las prédicas santas sobre el amor, la pureza y la aspiración a Dios Padre, mientras que otros se sintonizan con escenas repugnantes de terror, plagas, sangre y pus prometidos y las saborean, escarbando con la mente en esta suciedad en vez de sintonizarse con el bien y con la belleza, en vez de aprender a amar a las personas, a toda la Creación y al Creador.*

Un caso similar le sucedió a Nicodemo. Él escribió un buen Evangelio acerca de los últimos días de la vida terrenal de Jesús, pero terminó su narración describiendo su sueño en el cual Jesús sacaba a los pecadores del infierno.

Otra parte del Nuevo Testamento que tiene un valor ambiguo y que requiere una discusión especial son las Epístolas del apóstol Pablo.

Están llenas de contradicciones: desde las muy valiosas Revelaciones y las prédicas de amor tierno hasta el maldecir enfadado de un intolerante «moralista».

¿Cuál es la razón? Para entenderlo, debemos examinar la historia de la formación de Pablo como un cristiano.

Al principio era un enérgico y agresivo perseguidor, verdugo y asesino de cristianos.

Sin embargo, una vez, cuando pasaba por un camino, oyó la voz de un Interlocutor invisible: «Saulo, Saulo, ¿por qué Me persigues?» (Hechos 9:4). Aunque Pablo era un verdugo y un sádico, también creyó en Dios y entendió rápidamente de qué se trataba.

Y se trataba de que el Señor no sólo decidiera detener al sangriento tirano, sino que también usar su notable y fanática energía para el bien de la Providencia Divina.

Así, después de hacer caso a las palabras de Dios, Pablo dejó de ser un violento perseguidor de cristianos y se convirtió en un inquieto divulgador de las Enseñanzas de Jesús.

Pablo escribe acerca de esto lo siguiente: «Doy gracias al Cristo Jesús, (…) Quien me fortaleció, porque me encontró fiel, poniéndome en el ministerio, a mí quien antes era un blasfemo, un perseguidor y un ofensor. Pero obtuve misericordia, porque siendo ignorante, lo hice en incredulidad. Y la gracia de nuestro Señor fue sumamente abundante, con fe y amor. Fiel es la palabra y digna de toda aceptación, que el Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores de quienes yo soy el primero. Por esta causa obtuve misericordia, para que en mí, Jesús el Cristo pueda mostrar toda Su clemencia, como un modelo para aquellos que están a punto de creer en Él para la Vida Eterna» (1 Timoteo 1:12-16).

Todo esto pasó después de la crucifixión de Jesús. Pablo nunca se encontró con Él en carne y hueso y sólo un tiempo después tuvo contactos personales con Sus discípulos. Pero habiendo aceptado el cristianismo, Pablo se rindió completamente a la guía de Dios y, con toda su notable energía, comenzó a trabajar sobre la transformación de sí mismo usando, entre otras cosas, los métodos meditativos dados por Dios.

Además de esto, Dios asigna a Pablo una misión especial: llevar la nueva fe a los paganos del Imperio romano fuera de Judea.

Pablo predicó ardientemente, creó nuevas comunidades cristianas, discutió con líderes religiosos de paganos. Muchas veces fue golpeado hasta la muerte, pero cada vez Dios lo devolvía al cuerpo, y Pablo se lanzaba de nuevo a la lucha.

Él escribió muchas Epístolas dirigidas a las diferentes comunidades cristianas. En éstas hay, entremezclados, temas tan contradictorios, tan diferentes en estilo y nivel intelectual, que algunos historiadores incluso propusieron la hipótesis de que «las enseñanzas morales» fueron agregadas a las Epístolas de Pablo por otra persona. Pero la explicación de estas contradicciones deriva lógicamente del carácter contradictorio del propio Pablo.

Él simplemente no pudo cambiar por completo. Para transformarse totalmente en una persona Divina, él necesitaba unos 10 años de aprendizaje tranquilo. No obstante, no los tuvo, y luchaba apasionadamente contra su carácter anterior mientras daba homilías, recibía palizas, vagaba hambriento y con frío o estaba encarcelado.

Así que, perdonémosle que él mezclara las Revelaciones más altas de Dios con su odio hacia «los homosexuales» y «los adúlteros». También él fue quien, por primera vez en la historia del cristianismo, pronunció, en oposición a las Enseñanzas de Jesús, un «anatema»: la maldición en nombre de la iglesia cristiana (1 Corintios 16:22).

Sus Epístolas hicieron mucho bien para la humanidad, pero también se volvieron una tentación poderosa para las generaciones futuras de cristianos, tentación aún más poderosa que el Apocalipsis de Juan. Es así, porque siendo incluidas en el Nuevo Testamento, «legitimaron» no sólo la ternura, la bondad, la armonía, el perdón, sino también las cualidades opuestas: el odio, la intolerancia airada hacia aquellos que «no son como yo», las maldiciones…

También Pablo y Juan fueron quienes desarrollaron una teoría absurda de que uno puede lavar sus pecados con la sangre de los demás, con el sufrimiento de los demás. (Nosotros discutimos esto al principio del capítulo «Arrepentimiento»). Ellos declararon en sus Epístolas que el inocentemente muerto Jesús fue un Cordero de Dios, enviado por el Padre como un sacrificio para Sí Mismo por la expiación de los pecados humanos. «Lo que la ley, debilitada por la carne, no pudo hacer, lo hizo Dios enviando a Su propio Hijo, en la semejanza de carne pecadora, como sacrificio por el pecado (…)» (Romanos 8:3), «(…) La sangre de Jesús el Cristo, Su Hijo, nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7), «(…) Él es la propiciación (para Dios Padre) por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Juan 2:2), «(…) Él apareció con el fin de quitar nuestros pecados (…)» (1 Juan 3:5). De esto resulta que lo único que debemos hacer es creer que Jesús era en realidad el Cristo. No hay que hacer nada más, puesto que nuestros pecados ya están perdonados y el paraíso está garantizado…

* * *

El cristianismo se establecía con dificultades en el Imperio romano. Había persecuciones y matanzas de cristianos. Ellos fueron crucificados a lo largo de los caminos. Entonces otros cristianos se rendían voluntariamente a los verdugos para morir en cruces por la fe y asemejarse a Jesús por lo menos en esto.

Qué diferencia con los «creyentes» actuales que se llaman a sí mismos cristianos y que ni siquiera son capaces de hacer esfuerzos mínimos para mejorarse, por ejemplo, «no pueden» dejar de fumar.

Por la Voluntad de Dios y gracias a los hechos personales de los apóstoles y otros héroes, el cristianismo se extendió, con el tiempo, por la mayor parte de Europa y después por América del Norte y del Sur, así como por Australia. También hay muchos cristianos en Asia y África. Hoy en día aproximadamente un tercio de la población de la Tierra profesa el cristianismo. Después de casi mil años a partir de su nacimiento, el cristianismo vino a Rusia [24,27].

Ahora nosotros debemos llegar a una importante comprensión. La palabra cristianismo tiene dos significados fundamentalmente diferentes: el cristianismo como las Enseñanzas de Jesús el Cristo y el cristianismo como el producto de la interpretación de las personas en diferentes países y en diferentes épocas históricas.

Desde el mismo principio del cristianismo hasta nuestros días, ha habido verdaderos seguidores de Jesús y también personas que simplemente se han enmascarado como cristianos con el fin de satisfacer sus bajas pasiones, tales como el deseo de dominar sobre los demás, robar, burlarse, matar, etc. Hubo y hay personas que no entendieron nada de las Enseñanzas de Jesús, pero que se consideran verdaderos creyentes; probablemente, son una mayoría. Con todo, estos capítulos no son sobre la historia del cristianismo terrenal, sino sobre las Enseñanzas de Jesús el Cristo.

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