La Enseñanza Original de Jesús Cristo / Compasión


Compasión

La compasión es el principio fundamental ético de las relaciones de uno con otras personas y con todos los seres vivientes, incluso con los no encarnados. Éste es el principal aspecto del amor en la Tierra y el primer criterio según el cual Dios decide: permitir a una persona acercarse a Él o no.

El causar daño injustificado a las personas o a otros seres nunca puede tener justificación ante los ojos de Dios.

Pero ¿qué es causar daño justificado entonces? Por ejemplo: el causar dolor u otro daño a los delincuentes, rechazando sus hechos delictivos o defendiendo a otras personas de ellos. Otro ejemplo es el castigar a un niño que travesea peligrosamente para sí mismo y para los demás, también la limitación de la libertad de las personas mentalmente enfermas, etc.

Sin embargo, la venganza no puede ser justificada: es una reacción egocéntrica de mi ”yo” ofendido, que no debe existir.

El que comprendió el verdadero amor no puede causar dolor en vano a un animal. No puede comer los cadáveres de animales que fueron muertos: porque en sus cuerpos está el dolor de sus muertes.

Por ejemplo, Jesús expresó asombro y descontento, cuando aludieron la posibilidad de saborear un cordero de “sacrificio” en Pascua: “¿Piensan que Yo voy a comer con ustedes carne en Pascua?” (Epifanio, Her., 22:4; citado de [22]). Ni Él ni Sus discípulos comieron cuerpos de animales, salvo el pescado, esto se desprende de las palabras del apóstol Pedro (Hechos 10:10-14).

Pero ellos pescaron y comieron pescados. Esto es entendible: Jesús no propuso a las personas cargas insoportables de cambios demasiado duros de estereotipos de vida. ¡Él no podía decir a los pescadores: “¡no coman pescados!”, los pescadores no escucharían más a tal predicador!

No obstante, nuestra posibilidad es aceptar el principio del Amor-Compasión como un concepto ético y seguirlo tan amplia y completamente como sea posible dentro de los límites de la racionalidad.

Por ejemplo: no tiene ningún sentido reflexionar si se permite o no matar a un perro rabioso, a un lobo que ataca, a los mosquitos que pican, a los tábanos, a las garrapatas, etc. Si pudimos matarlos y no lo hicimos, ellos atacarán a los demás y esto será nuestra culpa, nuestra transgresión del principio de Amor-Compasión respecto a las víctimas.

No se trata de dudar si uno tiene el derecho de matar plantas para la comida, para hacer fuego, para la construcción o de usar productos de leche y huevos para la nutrición, porque nosotros no podemos desarrollarnos en la Tierra sin esto. Y la comida debe ser de máximo valor, con un conjunto completo de aminoácidos indispensables.

Pero matar o mutilar plantas inútilmente es una cosa diferente, por ejemplo: coger “automáticamente” y tirarlas, o recoger un ramillete de flores, o comprar (cortar) un abeto para el Año Nuevo o Navidad y tirarlo más tarde, después de admirar su muerte, éstas son unas muertes inútiles: ¡nosotros no los matamos para nuestra supervivencia y desarrollo, sino por gusto, porque “todos hacemos esto”, o porque “¡Yo lo quiero!”.

Aún en el tiempo de Moisés Dios dio el mandamiento “¡no matarás!”, y lo mismo fue repetido por Jesús (Lucas 18:20). Pero el egoísmo humano, el hábito de desechar todos los principios que impiden la satisfacción de nuestros antojos, la incapacidad de compadecerse, de entender el dolor ajeno, hacen a las personas buscar justificaciones para transgredir este mandato de Dios, inventar limitaciones de usarlo o fingir que nosotros no lo notamos.

Pablo, a propósito, en la Primera Epístola a los Corintios (10:27) permite: ¡coman cualquier cosa que les pongan ante ustedes! Pero al mismo tiempo dice que él es imitador de Cristo y llama a otros para hacerse imitadores de Cristo así como él (Pablo) es (11: 1)… Sin embargo, en este asunto él no fue imitador de Cristo en aquel tiempo.

Además, en la Epístola a los Romanos Pablo escribe en forma diferente: “Bueno es no comer carne…” (Romanos 14:21).

Y para resolver las últimas dudas sobre esta materia, veamos lo que dijo Jesús Cristo: “No sólo absténganse de hacer sacrificios humanos, pero además de esto: no acuchillen ninguna criatura a la cual se le haya dado la vida…” (La Vida de San Issa, 7:14).

La verdadera compasión se origina del conocimiento de que todos nosotros —incluso las criaturas vegetales— somos hijos de Dios, de edad diferente, hermanos y hermanas de Su única familia. Todos somos del mismo valor, todos tenemos intereses iguales objetivamente en el universo, todos somos uno. Ayudando a otros, yo ayudo a Dios en Su Vida-Evolución; todo esto es una Vida, la Vida del Organismo del Absoluto, donde no hay nada “mío”; hay sólo Vida común llena de Su Significado. ¡Mi papel —como una parte de Su Organismo— es ayudar a otros en este Camino de Crecimiento! ¡Solamente crece! No hay nada mío, hay sólo lo Común, lo Suyo.

“No busquen por su propio interés, sino que cada hombre también por interés de los demás. Que la misma disposición esté en ustedes la cual estaba en Cristo Jesús” (Filipenses 2:4-5).

Esto se realiza cuando aprendes a vivir según Sus intereses, y como resultado, según los intereses de los demás. No hay un interés propio entonces, y no hay mi “yo”, “ego”, se disolvió primero en los demás y después en Él.

 

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Vladimir Antonov

La Enseñanza Original de Jesús Cristo

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