La Enseñanza Original de Jesús Cristo / Matrimonio y Divorcio Matrimonio y DivorcioSi uno entiende el capítulo anterior, la razón de las declaraciones aparentemente contradictorias de Jesús sobre la concesión del divorcio también está clara. En algunos casos parece que Él no aconsejó el divorcio (Mateo 19:3-9; Marcos 10:2-12; Lucas 16:18), al contrario, en otros, lo bendijo cuando uno de los esposos puede seguir el Camino hacia Dios, a la Perfección, mientras que el otro no puede y no quiere ir, sino que sólo obstaculiza al compañero (Marcos 10:29-30; Lucas 18:29-30). “¿Pensáis que Yo vine a dar paz en la Tierra? No, os digo, sino más bien división…” (Lucas 12:51). ¿Por qué es así? Porque dos personas después de unirse en matrimonio no necesariamente se desarrollan con la misma velocidad. Ellos anduvieron una cierta parte del camino, aprendiendo el uno del otro. Pero en cierto momento esta situación agotó sus posibilidades, y por esto, en adelante, los programas de sus estudios con Dios tienen que ser diferentes. Dios los unió y Él puede separarlos. Si las personas intentan oponerse, refiriéndose a la Biblia, ellas mismas se ponen en contra de Dios. Sucede que la iglesia asume el derecho para establecer los asuntos de unión y separación de las personas, aunque Dios no ha asignado este derecho a nadie: “El Gran Creador no ha compartido Su Poder con ningún ser viviente” (La Vida de San Issa, 5:17). La vida familiar también representa lecciones en la Escuela de Dios llamada Tierra. Dos personas estaban en el mismo grado en una escuela secundaria, y ellos estaban enamorados el uno del otro. Pero después de terminar la escuela, no fueron a la misma universidad para continuar su educación; sus caminos llegaron a ser diferentes, y ellos también se volvieron diferentes: diferentes en la habilidad de comprender la información de Dios. En este caso, su vida conjunta familiar será adulterio: “…Cada acto de relación sexual que haya entre dos diferentes entre sí es adulterio” (El Evangelio de Felipe, 42). En este ejemplo, nosotros vemos que “las reglas de conducta” que Dios da a las personas de diferentes niveles de acercamiento a Él pueden ser directamente opuestas. “Cuando un hombre ciego y uno que ve están juntos en la oscuridad, ellos no tienen ninguna diferencia entre sí. (Pero) cuando la luz llegue, él que ve, verá la luz, y el que es ciego, permanecerá en oscuridad” (El Evangelio de Felipe, 56).
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